-20º estoy en el lugar acordado, son las 7 am llegan los dos inuits que esperaba. Después de saludarnos con un gesto se dirigen hacia el hielo, ya no hay vuelta atrás, trago saliva y les sigo. Los bloques de hielo se mecen bajo mis pies. Tengo miedo de caer a la profundidad del mar y perderme para siempre en el frío y gélido azul, pero sus pasos firmes y decididos me dan confianza y sigo avanzando tras sus huellas. De repente una grieta, una grieta que representa el cambio que se está produciendo en el ártico, me apresuro a sacar mi cámara de fotos y… un salto, una imagen, el momento decisivo al que se refería el gran fotógrafo Henri Cartier Bresson, ese momento que representa cómo el pueblo inuit se adapta a un entorno cada vez más cambiante saltando las dificultades y avanzando hacia un futuro en el que tal vez la grieta sea tan grande que este pueblo no sea capaz de saltar y, así, caer al gélido azul para siempre.