Groenlandia, con sus espectaculares frentes glaciares y sus prominentes icebergs es un país del que rara vez se hablaba en los medios de comunicación hasta la llegada del cambio climático, en que ha pasado a simbolizar y convertirse en imagen de esta transformación de nuestro planeta. La imagen de icebergs desprendiéndose, osos polares ahogándose y unos esquimales sin hielo sobre el que vivir forman parte de esta estampa.
Más allá de esta imagen, se halla la realidad de este país de 57.000 habitantes y unos 2.5 millones de kilómetros cuadrados, que entraña varias sorprendentes paradojas, pues siendo el lugar más afectado por el calentamiento global, posiblemente se convierta también en la nación más beneficiada por ella misma, por su capacidad para destapar y hacer viables explotaciones petrolíferas o mineras todavía inaccesibles, al mismo tiempo, la vida tradicional sobre la banquisa helada se extingue a igual velocidad que el hielo.
Los groenlandeses que proceden de las tribus nómadas de cazadores que cruzaron el estrecho de Bering hace 1.000 años viven en una sociedad moderna llena de fuertes contrastes, donde es posible ver aún cazar animales con arpón desde un kayak, u observar las más modernas tecnologías en las ciudades. Una sociedad tradicional en fase de extinción convive con una nueva sociedad fuertemente dependiente de Dinamarca, que lucha por encontrar y definir su identidad en medio de profundos cambios sociales, políticos y ahora climáticos.
Ramón Larramendi